OSCARITO
Con su alma de niño y su sonrisa eterna, fue parte de la historia viva de nuestro Nacimiento.
Cuando aún tenía su propia movilidad, en los veranos se sentaba afuera de mi casa y, mientras conversábamos, me pedía nísperos del árbol que había en mi sitio… .. “ Co cococo Tío ”, decía con esa inocencia tan suya.
Hoy recuerdo como él nos enseñó a vivir: con alegría sencilla y sin complicaciones.